Última milla en Buenos Aires y Ciudad de México: más entregas, menos margen para improvisar
La última milla concentra una de las partes más visibles de la experiencia logística. Es el momento en que una entrega debe llegar al destino acordado. En este momento también se concentran algunas de las variables más difíciles de controlar.
Algunos de estas pueden ser: congestión, restricciones de circulación, zonas de carga ocupadas, cambios en la demanda, ventanas horarias ajustadas, desvíos, eventos masivos y recorridos que se modifican mientras los vehículos ya están en movimiento.
Tanto en Buenos Aires como en Ciudad de México, gestionar distribución urbana implica operar dentro de entornos densos, dinámicos y con una alta competencia por el espacio vial. Una planificación realizada al inicio de la jornada puede perder vigencia pocas horas después.
Para una empresa, el desafío no termina al seleccionar la ruta más corta. Además, debe saber qué unidad está disponible, qué conductor puede asumir el recorrido, cuánto tiempo permanece detenido cada vehículo, dónde se producen demoras recurrentes y qué entregas corren riesgo de incumplimiento.
El enrutamiento necesita adaptarse a condiciones que cambian durante la jornada. El tráfico en tiempo real, la ubicación de las unidades y el estado de cada recorrido permiten tomar decisiones antes de que una demora comprometa el servicio.
Cuando esa información está distribuida entre diferentes sistemas, llamadas, mensajes y planillas, la respuesta llega tarde. El operador identifica el problema cuando la entrega ya se retrasó, el cliente ya reclamó o la unidad ya recorrió kilómetros innecesarios.
El control de entregas y el rastreo en tiempo real permiten administrar la operación por excepciones. En lugar de revisar cada recorrido de manera manual, el equipo puede concentrarse en los eventos que necesitan una decisión: una demora fuera de rango, una modificación de ruta, un vehículo detenido o una ventana de entrega próxima a vencer.
La ubicación en tiempo real también aporta información útil para reasignar recorridos, responder consultas y mejorar la coordinación entre conductores, operadores y centros de distribución.
Además, la información acumulada permite identificar patrones, por ejemplo, si determinadas zonas pueden concentrar demoras en ciertos horarios, si algunos recorridos pueden generar más ralentí y consumo, o si algunas secuencias de entrega pueden requerir una reorganización permanente.
La última milla exige velocidad, pero también precisión. Una operación que solo busca acelerar puede aumentar el consumo, la presión sobre los conductores y el riesgo vial. Una gestión basada en datos permite equilibrar puntualidad, seguridad, utilización de recursos y calidad de servicio.
North America
Europe
Deutschland
Asia-Pacific
Canada (Français)
Africa
Argentina
México
Brasil